“La ética no cumple un rol penal ni disciplinario, sino preventivo y orientador”

Durante una visita al TSJ, Armando Andruet, titular del Tribunal de Ética Judicial, planteó lo desafíos que los nuevos miembros de ese cuerpo se han fijado hasta 2019

Vocales del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba (TSJ) recibieron el jueves 5 de octubre a los miembros del Tribunal de Ética Judicial que se desempeñarán hasta 2019 con el fin de velar por el cumplimiento de las previsiones del Código de Ética para Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial de Córdoba.

“La visita tuvo por finalidad presentar no solo a los miembros, sino hacer comentarios sobre los lineamientos generales deontológicos que el tribunal entiende valiosos de hacer valer; entre ellos, marcar con mucha fortaleza el carácter preventivo y orientador que la ética cumple en un Poder Judicial”, aseguró Armando Segundo Andruet (h), miembro titular y presidente del Tribunal de Ética en representación del Poder Judicial.

De acuerdo con el exmagistrado, dicho tribunal se ha propuesto “generar espacios para un mayor intercambio con funcionarios, jueces y magistrados, de manera que estos puedan tomar razón de que hay demandas sociales, ciudadanas, diversas, que, si no son claramente percibidas por los magistrados, su desatención puede causar eventualmente desconfianza pública en la magistratura. Como se trata de cuestiones éticas, no penales ni disciplinarias, el Tribunal de Ética debe ayudar a la magistratura al discernimiento de dichas implicancias”.

Una tramitación más flexible, sin rigidices procesales
En segundo lugar, Andruet (h) subrayó que también se han fijado algunos ajustes internos con el fin de “evitar la promoción de instancias o vicisitudes procesales que, de alguna forma, contaminan o hacer perder de vista lo deontológico”. “Un tribunal deontológico como este no es un tribunal en el que se discuten cuestiones procesales. Como consecuencia, la tramitación en el Tribunal de Ética debe ser flexible, dinámica y adecuada a los casos, sin excesivo apego a reglas y formulismos”, esgrimió.

Por otra, Andruet (h) postuló otro objetivo del cuerpo: “Aspiramos a que el Tribunal de Ética tienda a cuidar, en el sentido genuino del término –esto es: prestar atención-, a los magistrados, y ejerciendo en ese cuidado una sostenida práctica pedagógica que aliente la evitación de la defección ética”.

En el mismo sentido, el presidente del Tribunal de Ética recordó “las connotaciones y relaciones entre las redes sociales y la función judicial que, naturalmente, en modo alguno están impedidas, y por ello, es valioso reflexionar para no perder de vista que la exigencia del decoro -en forma alguna- queda debilitada si la realización es cumplida intermediada por Internet”.

La presidente del TSJ, Aída Tarditti, y el vocal Domingo Sesin recibieron a los miembros del Tribunal de Ética. Por este último, además de Andruet, asistieron Marco Aurelio Rodeyro (representante de la Federación de Colegios de Abogados de la Provincia), Raúl Ernesto Bruera y Julio Manuel Escarguel (por el Colegio de Abogados de la ciudad de Córdoba), Juan Carlos Fernández López, Carlos Alberto Eppstein y Luis Higinio Ortiz (por la Asociación de Magistrados y Funcionarios Judiciales).

Independencia, imparcialidad y ejemplaridad
Vigente desde 2004, el Código de Ética para Magistrados y Funcionarios fija las pautas que estos últimos deben observar bajo la premisa de que la función debe ser desarrollada con independencia, imparcialidad y ejemplaridad.

En este marco, el Tribunal de Ética Judicial puede evacuar consultas sobre cuestiones deontológicas de magistrados y funcionarios que así lo requirieran; interesarse reservadamente (de oficio) sobre los comportamientos que, en principio, se considerara que constituyen conductas contempladas por el código e intervenir en las denuncias que se formularan, entre otras atribuciones.